lunes, 11 de enero de 2010

Tradición

En mi familia existe una tradición más que ancestral, la cual consiste en exponer a las jóvenes de la familia a pelar frutas, quien sea capaz de quitarle la cáscara a una manzana roja, porque tiene que ser roja, de una sola vez, en una larga tira, en forma circular, desde arriba hacia abajo- sí, así de específica y estricta es la tradición- se casará y quien no lo logre permanecerá soltera, las palabras exactas son: “para vestir santos” pero prefiero la palabra soltera. No conforme con ello, tiene que tomar la cáscara en la mano derecha, sin romperla cerrar el puño y los ojos, respirar profundo y tirarla por sobre el hombro izquierdo de manera suave, al caer al suelo debe formar una letra, esa será la inicial del nombre del afortunado futuro esposo, en caso contrario el matrimonio no durará, será por poco tiempo y muy infeliz.
Todas las mujeres de la familia pasamos por esa ceremonia. Se realiza en dos partes, a partir de los quince años y hasta los dieciocho –o hasta tener pretendiente seguro- pelamos las manzanas rojas en un esfuerzo de jamás cortar la larga tira en ningún momento, bajo la supervisión de las ancianas de la familia y / o la matriarca. A los dieciocho años, o en su defecto, en el caso que se presentara el primer pretendiente serio antes de alcanzar esa edad – acá se flexibiliza un poco la regla- Se reúnen todas las mujeres de la familia, casaderas o no, en la cocina de la abuela Materna y se realiza la ceremonia: Todas sentadas en ronda y la joven en cuestión sentada en el centro de frente a su madre y de espaldas a su abuela quienes fiscalizarán que no se rompa la “tirita” y que caiga en forma de letra respectivamente.
Demás está decir que pasé por esas tortuosas ceremonias. En primer lugar, pasé el examen de la cáscara practicando a escondidas a la hora de la siesta, dándole de comer la evidencia al perro de la familia -que llegado el momento de la reunión de turno, se escondía bajo la mesa al ver pasar la cesta con las manzanas solamente-. Y llegada la edad de la gran prueba, en que las mujeres de mi familia decidirían qué tan feliz debería ser para no opacarlas ni desmitificar el rito centenario de la familia, no tenía pretendiente en vista así que me daba igual que letra “saliera” léase : me daba igual que letra les parecería ver en la bendita cáscara.
Me citaron en la cocina mientras los hombres esperaban el comedor bebiendo el añejado licor que la abuela guardaba celosamente para este momento. Las mujeres todas el ronda me recibieron de pie y con sonrisas cómplices. Me senté y la tía más vieja presentó la canasta de manzanas rojas, bien lustrosas frente a mí. Hice ademán de tomar una al azar, cuando advertí las miradas de quince mujeres que reprochaban mi actitud, respiré profundo, sonreí y pensé en silencio un momento, ¿y si en verdad funcionaba? ¿Y si mi futura felicidad marital dependía de este momento? Suspiré, esperando no haberme vuelto loca, miré a mi alrededor devolviendo cada mirada, con decisión y gesto dramático revisé la canasta hasta encontrar la más parecida a un corazón. Todas sonrieron. Al parecer era la parte de la ceremonia que ignoraba, era requisito que la “aspirante” reconociera una manzana entre todas, reconociera la manzana entre todas.
Elegí también de entre los cuchillos ceremoniales aquel más propicios para mi propósito. Traducido: Aquel que se pareciera más al que había estado utilizando para practicar.
Comencé mi tarea bien pegada al cabito de la fruta; todas las caras intercambiaron gestos de aprobación. Continué haciendo girar la manzana hábilmente entre mis dedos y desprendiendo su fina cáscara en forma segura.
A los pocos minutos dejé el cuchillo sobre la bandeja que me ofrecía otra de mis tías. Cerré el puño y mis ojos. Sabía que debía pensar en algo pero ignoraba en qué. Lo único que vino a mi mente fueron los enamoramiento que había experimentado a lo largo de mi vida, tratando de hacer coincidir una cara deseada con la letra que se fuera a formar de ese pellejo rojizo y brillante. Sorpresa, sorpresa, todos, sino la gran mayoría tenían en común algo, comenzaban con la letra E. Desde la más tierna infancia todos llevaban una E : Emanuel, en la escuela; Ezequiel, en el grupo dominical; Edgardo, en el grupo del club... Elías, Eduardo; todos mis amores me llevaban a la letra E. Entonces no lo pensé más. Abrí lentamente mi mano y lancé anhelante por sobre mi hombro izquierdo la profética porción de fruta. No quería voltearme a ver, cómo una insípida cáscara se convertiría en una E, era prácticamente imposible, sólo imaginaba una S, o una J, con suerte una G, pero la E se me antojaba tanto o más imposible que una M o una A.
-“Está claro tu futuro “– Sentenció la abuela con acento seguro. Entonces me di vuelta para afrontarlo. Se veía una perfecta e minúscula, un rulito en la parte superior de un semicírculo, para los escépticos.
La noticia corrió por toda la casa como reguero de pólvora. Gritos y perfiles entraban y salían de la cocina, decenas de caras amontonándose frente a la pobre cascarita sobre las baldosas blancas y negras de la cocina de la abuela. Y así se fijó mi futuro. Es decir mi presente actual.

Ya sé cuál es tu duda, si me casé ¿verdad? O tal vez si soy feliz, o mejor aún ¿Cuál es la inicial del nombre de la primer persona que entró a la casa paterna como pretendiente?
La curiosidad mató al gato ... pero contesto gustosa. Los nombres que marcaron mi vida sentimental desde entonces llevaron E como primera letra, ya sea en el primer o en el segundo nombre. Y sí, me casé con un hombre maravilloso, como el que soñaba cuando pequeña y aunque no lo quieras creer se llama Esteban.

A veces las tradiciones familiares son grandes dolores de cabeza y a veces una buena excusa para poner todas las fuerzas y ganas en que los proyectos funcionen. Soy feliz, profundamente feliz y aunque la cáscara de manzana no tuviera nada que ver en ello – o sí- esa experiencia hizo que creyera en esta relación, en mí e ineludiblemente en el destino.

S.N.L. (Fénix Negro)

domingo, 27 de diciembre de 2009

viernes, 27 de noviembre de 2009

Piedra Negra sobre una piedra Blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
.
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
.
.
César Vallejo. (1892-1938) Poeta, Narrador y periodista Peruano.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Desgana

No tengo ganas de escribir
pero la letra avanza sola
forma palabras y relevos
que reconozco como mios.

en la ventana llueve
tantas veces la calle
brilló sin fundamento

No tengo ganas de escribir
por eso queda el tiempo en blanco
y no es un blanco de inocencia
ni de palomas ni de gracia.

en la ventana llueve
tantas veces la calle
se anegó de presagios
No tengo ganas de escribir
pero la lluvia llueve sola.


Mario Benedetti.

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Cuántas veces este sentimiento...
Llueve en Buenos Aires. La lluvia susurra a Benedetti; mi Alma se desmiga en cada gota y cada letra...

"No tengo ganas de escribir, pero mi alma llueve sola."

Parafraseando, maestro.

Gracias.
SL.

viernes, 20 de noviembre de 2009

BREVES

Traje varios breves, algunos verídicos, otros de ficción ... y otro que es mío pero lo posteó Eclipse en Sala de Escritores, como favor hacia mí porque podía traerme problemas con otra persona. (Familiar). Pero con su permiso- y el de Cuervo- retomo la autoría y lo traigo a nuestro espacio.(Veneno)

Es para demostrar que a veces lo bueno si es breve...

Al final....

Parecía que el veneno había comenzado a surtir efecto, comenzó a tambalearse, estaba desorientada; se apoyó contra un rincón deteniendo su marcha. Llegaron las convulsiones, comencé a regodearme viéndola allí tendida; saboreaba el odio que tenía hacia ella y el que aun siento por todos los de su estirpe; solté una sonrisa socarrona. Luego la parálisis parcial de su cuerpo, llevaba ya tiempo sumida en esa agonía eterna. No lo soporté más, tuve piedad y levanté por fin mi pie izquierdo terminando con su tortura...Al fin y al cabo hasta las cucarachas merecen misericordia.

Miér Ene 07-09
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(...)

Por fin lo logré. Después de dos intentos fallidos y siete años devolví "Lo que el viento se llevó". Imposible conseguir ahora esa edición- igualmente no es la obra lo que importa, sino el libro en sí.
La señora - que ya lo creía perdido - lo revisó con disimulo y no paraba de agradecer. Claro, era el primer regalo que le había hecho su esposo cuando "noviaban"; entendible.
Me invitó a pasar. Sólo acepté un vaso de jugo, no quería seguir abusando de su confianza. -Al menos lo leíste - me soltó antes de despedirnos. -Si, claro; sería el colmo - contesté sonriendo ... Porque sería el colmo ¿no?...

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Aspiraciones

Sólo aspiro a una vida monacal *.





*(De la familia Real de Mónaco)

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VENENO

Estábamos en un café. Mirábamos pasar la gente mientras conversábamos de todo un poco y de poco todo.

-Uy! Mirá qué hermoso dibujo el de aquel tatuaje-Le comenté
-Deberían estar prohibidos- Exclamo cortante
-(...) -sólo le miré
-Es envenenarse el cuerpo-Sentenció mientras encendía un segundo cigarrillo con la colilla del anterior.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Para leer y oir

http://www.youtube.com/watch?v=LzZVP3MNT7Y&feature=fvw


El amor desolado(1984)
Letra: José Dicenta Sánchez
Música: Alberto Cortez


Yo puse el esfuerzo
y ella la desgana,
yo el hondo silencio
y ella la palabra,
yo senda y camino
y ella la distancia,
yo puse los ojos
y ella la mirada.
Quise entre mis manos
retener el agua
y sobre la arena
levanté mi casa.
Me quedé sin manos,
me quedé sin casa
fui raíz oscura
y ella tronco y rama.
Para que la cuenta
del amor sumara
ella puso el cuerpo
yo el cuerpo y el alma.
Era toda viento
yo todo montaña,
yo pura resina
y ella pura llama.
Una noche oscura
se fue de mi casa,
cegaron mis ojos
para no mirarla,
para no seguirla
cerré las ventanas,
clausuré las puertas
para no llamarla.
Puse rosas negras
sobre nuestra cama,
sobre su memoria,
puse rosas blancas.
Y a la luz difusa
de la madrugada
me quité la vida
para no matarla.
Yo lo puse todo,
vida cuerpo y alma
ella, Dios lo sabe,
nunca puso nada

viernes, 13 de noviembre de 2009

Capítulo 7 de RAYUELA

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

JULIO CORTAZAR

jueves, 8 de octubre de 2009

Crónicas

Crónica I

Un día llegaron foráneos a nuestra Aldea. Traían con ellos ideas nuevas. causaron miedo y rechazo y fue así como un grupo de nosotros tomó el mando para salvaguardarnos y mantener el orden establecido. Al poco tiempo comenzaron a controlarlo todo, las reuniones públicas, a los mercaderes, a quienes entraban o salían del poblado; No se podía salir o entrar sin una autorización, y ésta sólo se conseguía si se tenía lo que ellos llamaban una buena razón para hacerlo.

Tiempo después, comenzaron a establecer lo que estaba bien o mal hacer o decir. Las leyes comenzaron a ser más descabelladas y lo que es peor, aquellos que estaban allí para salvaguardarnos comenzaron a comportarse con un gran despotismo.

Aquellos que marcaban alguna falta en ellos, o simplemente los contradecían o cuestionaban eran acallados y públicamente desterrados. Ninguna voz llegó a alzarse en contra porque era condenada al ostracismo.

Muchos de nosotros nos fuimos al bosque, donde otros que pudieron salir de la comarca se habían establecido en paz y armonía. Convivían libremente y vivían sin complicaciones compartiendo trabajo y pasatiempos.

Nadie nos preguntó al llegar sobre nuestros motivos para habernos acercado, sólo nos abrían sus puertas y ofrecían hospitalidad. Muchos de los que allí nos encontramos habíamos sido negados por aquellos a los que llamábamos amigos, injuriados y hasta insultados. Sanamos nuestras heridas y comenzamos una vida, sin olvidar pero habiendo perdonado.

La armonía reina desde entonces, todos somos dueños de nuestro hacer y pensar y nadie lleva ningún título sobre otro. Los quehaceres son compartidos y las actividades se llevan a cabo dependiendo las habilidades y destrezas de cada uno. Todos somos libres de llegar, permanecer o irnos; nuestras puertas siempre están abiertas... así como nuestros corazones.

Llegan nuevas ideas desde los cuatro puntos cardinales y forasteros desde distintas aldeas y bosques. Seguimos creciendo y sumando, cultivamos rosas que a pesar de sus espinas perfuman perdurablemente.

Cultivamos la amistad y seguimos creyendo en la libertad, en la alegría, en los afectos, cierto es que emprendimos este camino obligados, pero sabemos que aquí todos somos iguales, pares, y nadie nos juzgará ni desterrará por pensar diferente .

viernes, 2 de octubre de 2009

Dreamland by Edgard Allan Poe

By a route obscure and lonely,
Haunted by ill angels only,
Where an Eidolon, named NIGHT,
On a black throne reigns upright,
I have reached these lands but newly
From an ultimate dim Thule-
From a wild clime that lieth, sublime,
Out of SPACE- out of TIME.

Bottomless vales and boundless floods,
And chasms, and caves, and Titan woods,
With forms that no man can discover
For the tears that drip all over;
Mountains toppling evermore
Into seas without a shore;
Seas that restlessly aspire,
Surging, unto skies of fire;
Lakes that endlessly outspread
Their lone waters- lone and dead,
-Their still waters- still and chilly
With the snows of the lolling lily.

By the lakes that thus outspread
Their lone waters, lone and dead,
-Their sad waters, sad and chilly
With the snows of the lolling lily,
-By the mountains- near the river
Murmuring lowly, murmuring ever,
-By the grey woods,- by the swamp
Where the toad and the newt encamp-
By the dismal tarns and pools
Where dwell the Ghouls,
-By each spot the most unholy
-In each nook most melancholy-
There the traveller meets aghast
Sheeted Memories of the Past-
Shrouded forms that start and sigh
As they pass the wanderer by-
White-robed forms of friends long given,
In agony, to the Earth- and Heaven.

For the heart whose woes are legion'
Tis a peaceful, soothing region-
For the spirit that walks in shadow'
Tis- oh, 'tis an Eldorado!
But the traveller, travelling through it,
May not- dare not openly view it!
Never its mysteries are exposed
To the weak human eye unclosed;
So wills its King, who hath forbid
The uplifting of the fringed lid;
And thus the sad Soul that here passes
Beholds it but through darkened glasses.
By a route obscure and lonely,
Haunted by ill angels only,
Where an Eidolon, named NIGHT,
On a black throne reigns upright,
I have wandered home but newly
From this ultimate dim Thule.

Dreamland

 
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